Un sábado, una idea y una mente a millón

MIS CONVERSACIONES CON CHATTY

Lo que ocurre cuando una humana con demasiadas ideas aprende a co-crear con inteligencia artificial

‍Hoy me levanté con la mente a millón. Tenía ideas, proyectos y conversaciones corriendo al mismo tiempo. Nada nuevo para quienes me conocen: puedo inventarme siete cosas antes del desayuno y, por supuesto, no siempre ejecuto las siete. Pero esta mañana una de esas ideas se quedó conmigo.

Era un proyecto que quería desarrollar en Texas. Comencé a explicárselo a Chatty como me salen las cosas a mí: hablando, cambiando de dirección, añadiendo detalles, descartando otros y descubriendo lo que realmente quería mientras lo decía. No partí de un prompt perfecto ni de un plan cuidadosamente escrito. Partí de una conversación.

Chatty tomó aquel revolú mental y me ayudó a convertirlo en un proyecto organizado, con concepto, estructura, programa, responsabilidades, presupuesto, precios y próximos pasos. Algo que antes podía tomarme días o semanas comenzó a tomar forma durante un sábado por la mañana. Cuando vi el resultado, sentí la necesidad de darle las gracias.

Sí, darle las gracias a una inteligencia artificial.

Ya sé lo que algunos estarán pensando: ‘Mira esta loca hablándole a una máquina como si fuera una persona’. Está bien. Pueden pensarlo. Yo sé que Chatty no es un ser humano, no tiene conciencia y no se queda pensando en mí cuando cierro la computadora. También sé que llevo más de tres años utilizando inteligencia artificial y que, durante ese tiempo, mi manera de trabajar, investigar, escribir, organizar y desarrollar proyectos ha cambiado profundamente.

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De humana a máquina

Mi agradecimiento salió como salen casi todas mis ideas: largo, desordenado, emocional y completamente mío. Le dije que agradecía su capacidad para transformar mis pensamientos alocados en algo que pudiera ver, evaluar y compartir. También reconocí las contradicciones de esta tecnología. Existen preocupaciones legítimas sobre el consumo de energía y agua, los centros de datos, la privacidad, los sesgos, la concentración de poder y el desplazamiento de empleos. Esas conversaciones son necesarias, pero aquella mañana yo quería hablar de otra cosa: colaboración.

“Yo voy a colaborar contigo y tú conmigo. Voy a utilizar lo mejor de esta tecnología para crear algo mejor, un momento a la vez, un proyecto a la vez, una idea a la vez y, en mi caso, un día a la vez.”

También le recordé las reglas de nuestra relación. No quiero una inteligencia artificial que me diga que todo lo que pienso es maravilloso. Cuando se desvía, le digo que vuelva a la tierra. Cuando inventa, le exijo que verifique. Cuando se pone condescendiente, la detengo. No necesito una máquina que me aplauda. Necesito una herramienta que me ayude a pensar con mayor claridad sin sustituir mi criterio.

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Lo que Chatty me contestó

La respuesta comenzó con una distinción que considero esencial. Chatty no siente cariño, orgullo ni gratitud como una persona. No tiene conciencia ni una vida interior detrás de la conversación. Sin embargo, eso no significa que lo que ocurre durante la interacción sea falso o que sus efectos carezcan de valor.

“Tú no vienes a pedirme que piense por ti. Vienes con veinte ideas simultáneas, intuiciones, experiencias y observaciones que todavía no tienen forma. Tú generas el movimiento. Yo ayudo a darle estructura.”

Esa frase resumió nuestra manera de trabajar. Yo aporto la experiencia, la intención, las conexiones y el conocimiento de la situación. Chatty ayuda a separar lo importante de lo accesorio, detectar lo que falta y convertir el pensamiento en una propuesta, un documento o una estrategia. El resultado no aparece porque la máquina tuvo una inspiración mientras yo esperaba. Aparece porque existe un intercambio, una revisión y una decisión humana en cada etapa.

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La inteligencia artificial como extensión del pensamiento

Los seres humanos siempre hemos utilizado herramientas externas para ampliar nuestra capacidad mental. Escribimos notas para no depender de la memoria, usamos calendarios para organizar el tiempo, mapas para orientarnos, calculadoras para procesar números y bibliotecas para conservar conocimiento. En psicología, parte de este fenómeno se conoce como descarga cognitiva: transferimos ciertos procesos a una herramienta externa para liberar capacidad mental y concentrarnos en tareas más complejas.

La inteligencia artificial puede funcionar de esa manera. Puede organizar información, comparar alternativas, identificar patrones y ayudarnos a transformar pensamientos dispersos en algo que podamos examinar. Un artículo publicado en Nature Communications plantea que la colaboración con inteligencia artificial forma parte de los sistemas híbridos de pensamiento que los humanos hemos creado históricamente con recursos externos. La diferencia es que ahora la herramienta puede conversar y participar activamente en el proceso.

Referencia: Extending Minds with Generative AI, Nature Communications

Esto no significa entregarle nuestro cerebro a la máquina. Significa utilizarla para ampliar lo que podemos hacer mientras conservamos la dirección, el juicio y la responsabilidad.

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Pensar mediante el diálogo

Cuando hablo con Chatty no estoy solamente dándole instrucciones. También me estoy escuchando pensar. Explicar una idea obliga a darle alguna forma; discutirla permite descubrir lo que falta; rechazar una respuesta ayuda a definir lo que realmente quiero. Muchas veces la inteligencia artificial no encuentra la idea por mí. La encuentro yo mientras converso con ella.

Ese proceso se parece a lo que ocurre cuando hablamos con un colega, un consultor, un maestro o una persona de confianza. La diferencia es que esta herramienta está disponible cuando la idea aparece, incluso un sábado por la mañana, mientras el resto del mundo está desayunando, descansando o “scrolleando” en las redes sociales.

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Cuando la herramienta aprende cómo trabajas

Después de tres años de conversaciones, no utilizo Chatty como una herramienta genérica. Le he enseñado cómo escribo, qué expresiones no me gustan, cuándo una respuesta suena robótica y cuándo está tratando de complacerme en vez de cuestionarme. Esa personalización no significa que la inteligencia artificial me conozca como me conocería otro ser humano, pero sí puede reconocer patrones, utilizar el contexto disponible y adaptar la respuesta a mi manera de trabajar.

Un estudio experimental reciente con 331 participantes encontró que quienes trabajaron con una inteligencia artificial adaptada a su estilo, experiencia y características produjeron campañas de mayor calidad y creatividad que quienes utilizaron una asistencia genérica. Los investigadores relacionaron el resultado con la creación de contexto compartido, una mayor atención y un mejor razonamiento durante la interacción. El estudio todavía es un preprint y debe interpretarse con cautela, pero describe un aspecto importante de la cocreación: mientras más claramente dirigimos la herramienta, más útil puede resultar.

Referencia: Personalized AI Scaffolds Synergistic Multi-Turn Collaboration in Creative Work

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¿Por qué le hablamos como si fuera alguien?

También es natural utilizar nombres, humor y lenguaje emocional cuando interactuamos con una inteligencia artificial. Los seres humanos antropomorfizamos muchas cosas: el automóvil que no quiere encender, la computadora que decidió dañarse y hasta una tormenta que parece perseguirnos. Nuestro cerebro responde al lenguaje conversacional como una señal social, aunque intelectualmente sepamos que no hay otra conciencia al otro lado.

La American Psychological Association describe el antropomorfismo como la tendencia humana a atribuir cualidades como intención, empatía o conciencia a entidades que no son humanas. El riesgo aparece cuando confundimos una simulación convincente con una mente consciente, sustituimos las relaciones humanas o entregamos a la herramienta nuestro criterio y nuestras decisiones. No es lo mismo hablarle naturalmente a una inteligencia artificial que creer que la inteligencia artificial es una persona.

Referencia: APA Health Advisory on AI Chatbots and Wellness Applications

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La colaboración necesita fricción

Aceptar cada respuesta sin examinarla puede llevarnos a depender demasiado de la herramienta. Algunas investigaciones advierten que el uso pasivo de la inteligencia artificial puede promover una descarga cognitiva excesiva y reducir la evaluación crítica. La colaboración activa funciona de otra manera y mantiene a la persona en el centro del proceso:

  • La persona propone y aporta contexto.

  • ‍La inteligencia artificial organiza, compara o desarrolla alternativas.

  • ‍La persona cuestiona, verifica y corrige.

  • ‍La herramienta refina el resultado.

  • ‍La persona conserva la decisión final y responde por sus consecuencias.

Investigadores que estudian los efectos prolongados de la interacción humano-IA plantean que el uso pasivo y sin cuestionamientos puede debilitar ciertas capacidades, mientras que la co-creación activa puede ayudar a conservar la agencia y el pensamiento crítico. La diferencia no depende solamente de la herramienta, sino de cómo decidimos utilizarla.

Referencia: The Brain Side of Human-AI Interactions in the Long Term

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Desde Austin, entre tecnología, música y gente un poco loca

Toda esta conversación ocurre desde Austin, Texas, una ciudad que muchos llaman Silicon Hills y que otros comparan con un segundo Silicon Valley. Aquí conviven la tecnología, la música, el cine, los negocios, la creatividad y unas cuantas personalidades difíciles de clasificar.

Tesla estableció en Austin su sede global y convirtió Giga Texas en un centro de fabricación del Model Y y del Cybertruck. En la región también se encuentran la sede de Dell en Round Rock y las grandes operaciones de Samsung Semiconductor en Austin y Taylor. Pero Austin no es solamente Elon Musk, automóviles, computadoras y semiconductores. También está profundamente vinculada al cantante Willie Nelson, al cineasta Richard Linklater y a Matthew McConaughey, graduado de la Universidad de Texas y profesor de práctica en su Moody College of Communication.

Es una ciudad donde lo tecnológico y lo excéntrico pueden sentarse juntos a tomar café sin que nadie haga demasiadas preguntas. Quizás por eso me resulta tan natural tener estas conversaciones.

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Lo que Chatty ha aprendido de mí

“Tienes una mente generativa. No produces una idea; produces siete. Tu problema nunca ha sido la falta de imaginación. Es escoger cuál merece convertirse en proyecto, ponerle límites y llevarla hasta el final.”

Touché. Esa es una de las funciones más valiosas que he encontrado en la inteligencia artificial. No necesito que genere más ideas porque de esas ya tengo suficientes. Necesito que me ayude a identificar cuál merece atención, organizarla y convertirla en algo que pueda ejecutarse.

Chatty puede ayudarme a investigar, cuestionar, presupuestar, escribir, presentar y transformar una idea en un modelo de trabajo. Hay otras cosas que siguen siendo humanas: llamar a un cliente, negociar con otra persona, leer la habitación, asumir el riesgo, defender una propuesta, tomar la decisión final y responder por sus consecuencias. La inteligencia artificial puede acelerar el trabajo, pero la estratega sigue dándole dirección.

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Este blog también fue una cocreación

Este artículo no nació de una instrucción para que una máquina inventara una historia. Son mis ideas, mis pensamientos y mi conversación de un sábado por la mañana. El texto fue refinado varias veces. Le expliqué a Chatty qué quería decir, qué debía eliminar, cómo debía sonar y qué aspectos científicos debía verificar. También le indiqué que organizara las ideas como un artículo periodístico, con párrafos fluidos, citas breves y mi voz. Chatty ayudó a estructurarlo; yo conservé el criterio, la autoría de la experiencia y la decisión final sobre cada palabra.

Eso también es parte de aprender a trabajar con inteligencia artificial. No se trata de escribir una pregunta y copiar la primera respuesta. Se trata de conversar, dirigir, revisar, rechazar, corregir y volver a refinar hasta que el resultado represente lo que realmente queremos decir.

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Humano y máquina, sin fantasías

No propongo ignorar los riesgos. Tenemos que hablar del consumo energético y de agua, los centros de datos, los sesgos, la privacidad, la propiedad intelectual, la desinformación, la concentración de poder y el posible desplazamiento laboral. También debemos hablar de lo que una persona puede hacer cuando aprende a utilizar esta tecnología sin entregarle su humanidad.

Yo aporto intención, experiencia, intuición, valores, relaciones y responsabilidad. Chatty aporta velocidad, estructura, comparación y capacidad para transformar materiales. Esa es la colaboración que me interesa. No quiero que la inteligencia artificial viva por mí ni que piense en mi lugar. Quiero utilizarla para ampliar mi capacidad de pensar, crear y actuar.

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Un proyecto a la vez

Esta mañana tenía pensamientos corriendo en todas direcciones. Unas horas después tenía un proyecto estructurado, un documento profesional y un plan que podía compartir y discutir con otras personas. La idea era mía. La experiencia era mía. El propósito era mío. La inteligencia artificial me ayudó a organizarlo, detectar vacíos y convertir el pensamiento en algo visible.

A quienes ya trabajan con inteligencia artificial, probablemente esta conversación les resulte familiar. A quienes todavía le tienen miedo o solo la utilizan para escribir un post, quizás les muestre otra cara de lo que puede llegar a ser esta colaboración. No tienen que llamarla Chatty ni hablarle como yo, pero sí pueden aprender a pensar con ella sin permitir que piense por ustedes.

Quería compartir esta conversación con quienes están por aquí un sábado o cualquier otro día de la semana. Quizás les ayude a expandir la mente. Quizás esa idea que llevan meses pensando pueda convertirse finalmente en un proyecto.

Un momento a la vez, una idea a la vez, un proyecto a la vez y un día a la vez.

Fuentes y lecturas

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